martes, 12 de junio de 2012

BIGOTÓN, EXPLÍCAME



Bigotón, Bigotón. No dejo de pensar en ti. El parche encima de tu boca, el sombrero negro, las camisas claras, tu sentido del humor e incluso esa voz que adquiere tintes ácidos cuando decides hacer un reclamo.

¿Qué pasará en tu sangre? ¿Por qué dices cosas sin sentido? Tú, tan acostumbrado a caminar de un lado a otro, de vigilar tus trabajadores, de saber en qué lugar de Colombia están tus camiones y ver, ahorita, que no puedes dejar de hablar de ello. Tú en una cama inmóvil y tu familia llorando, llorando.

-Niña, llévese ese mercadito-, le dice a la enfermera cuando entra a su cuarto.

Ves perros en un zarzo, pides que vendan unos bultos que sólo caben en tu imaginación. ¿Qué será? ¿Arena, cemento? Ay Bigotón, cuánto me cuesta escribir esto. No entiendo cómo tu piel ya no es tu piel. Me pregunto cuándo tu cuerpo empezó a evaporarse. Cómo esa piel curtida y trabajadora se ha llenado de burbujas y luego, sin más ni más, explotan y dejan a la luz ese rojo ardiente de tu carne.

¡Bigotón! ¡Explícame Bigotón! Dime qué será, ¿por qué otra vez? ¿Por qué otro hospital? ¿Por qué otra enfermedad? Ya no es el corazón. Es la suma de un montón de excusas de la vida para llevarte a esa cama límpida.

Dicen que un riñón está en época de retiro. Una sonda va de tu vejiga a una bolsa. Quisieras ir al baño a orinar, pero no sientes ese líquido amarillo que baja al suelo.

-Mija, ¡no siento nada!-, decías desesperado hace un par de días.

Las burbujas han explotado poco a poco. En tu pierna derecha hay un cráter con lava ardiente a punto de bullir nuevamente. Esa cara tan redonda está más inflada que un buñuelo. Dicen los médicos que ya pasó lo peor, porque ese virus no se quedó adentro, sino que se expresó como la lava de un volcán y, de paso, ha arrasado con tus vellos, con esa piel quemada por el sol.

También, el médico contó que tu piel se va a evaporar y que este es el comienzo. ¡Aguanta, Bigotón! Mira cómo nos tienes, mira cómo la sensación de verte también nos está evaporando. Estas lágrimas que deshidratan nuestros corazones no son más que por ti. ¿Cómo puede ser la vida sin ti? Así nunca vaya a saludarte, te veo todos los días por unos segundos mientras caminas. No, Bigotón, no puede ser así.

No hay nadie más terco que tu. Y no es soberbia que te lo diga o rabia. ¡Cómo sentir rabia por ti! Siento impotencia con esa piel, como un bosque que desaparece ante el incendio, ante las motosierras.

Explícame, Bigotón. Respóndeme por qué es este castigo. Hablas con euforia, con ese don de mando, con bultos y animales imaginarios, con personas que no están. Acaso, vida, ¿es esa tu acción decente para llevar a la muerte a alguien?  

El Bigotón llora como un niño, desvaría. Ahí, en ese cuarto, hay lágrimas que crearon un embalse. Aguas estancadas que se alimentan por más dolor que mana. Tanta tristeza nos da verte ahí, Bigotón.

Después de muchas semanas he vuelto a escribir. Este no es el ejercicio literario que debía redactar. Esta es una voz que quiere desahogarse. Una ronca voz que se llena de preguntas y que trata de averiguar dónde está el Dios misericordioso en el que tanto crees. ¿Dónde está? Nunca está, nunca lo veo, nunca lo siento. ¿Por qué tanto sufrimiento? ¡Dios misericordioso, ¿una vez más te escondiste?!

Bigotón, explícame, por favor. Hace un tiempo te dieron por muerto. No sabemos cómo te repusiste, cómo volviste a tu casa. Hoy, con estos días tan lentos, con un sol abrasante, el corazón se nos quema poco a poco. Se deshidrata, se lastima, se encoge.

Quisiera pensar que es una batalla más, Bigotón. Pero esta vez no lo sé, no estoy tan seguro. Tampoco imagino todo esto sin ti. Ni tu negocio, ni tus propiedades, ni tu familia. Nada, ¡cómo pensarlo! Si cada centímetro, cada adobe, cada casa, cada carro, cada papa que sale de tu finca, todo, todo eso se dio por ti, por esa terquedad, por ese empeño.

¡Como nos defrauda esa piel y esa sangre obsesiva y ambiciosa! Bigotón, explícame de una vez por todas si esta es una batalla más. No soporto verte así. Bofetea a ese “Dios misericordioso”. Hazlo, por favor. Regresa tu vida, recupera esa piel hiriente, devuélvenos esas lágrimas, no nos hagas sufrir más.  Bigotón, por favor.