viernes, 7 de marzo de 2014

Cachorro de zancudo


Cachorro de zancudo. Estás con las patas hacia arriba. Sos un lunar alado en la mesa límpida. Mueves una de tus patas traseras. Pareciera un tic, amigo. Recoges la otra y la llevas sobre tu pecho -¿acaso tienes?-. Permíteme llamarlo de esa manera para este caso. En una de tus alas recargas el peso. Oye, mirándote bien, moviendo tus patas una a una, veo que tienes unas antenas insignificantes. Yacen inertes. Sigo escribiéndote esta carta de despedida y continúas renegando, amigo cachorro.

No olvides que hace un momento te lanzaste sobre mi cuello. Eras mi enemigo, hasta ahora que te contemplo. Lancé una bofetada al aire y el remolino te arrastró hasta aquí, esta tu morada blanca. Llevé mi dedo corazón para acariciarte directo hasta la cornisa de la vida y la muerte. Nada más ahí. Exageré. Ya no te mueves, cachorrín, justo cuando empezaba a encariñarme contigo. Bueno, es una lástima que la gracia de esta clase expire con tu adiós. Me lamento de no haberte susurrado, pero pasé muy pronto de detestarte a quererte, y tu lucha apenas alcanzó para un par de párrafos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario