La primera vez que pregunté, te escondiste detrás del muro. Guardaste silencio.
En el segundo intento María, tu mamá, abandonó la cocina, y quise resolver mi duda.
En el segundo intento María, tu mamá, abandonó la cocina, y quise resolver mi duda.
-¿Qué piensas? ¿Qué sientes?
-Es recordar todo…
Callaste de nuevo. Miré tus
ojos negros.
-¿Qué pasó, hija?- dijo María
al regresar.
-Estaba hablando de Vladimir.
Vladimir, tu papá.
Ayer llevé el libro a tu casa y
no estabas, pequeña. Entre las páginas, la historia de tu mamá; y de tu papá,
desaparecido por los armados. Leíste en la noche antes de mi regreso.
Tan insolente preguntarte por ese hombre del que mis letras traen recuerdos dolorosos.
Tan insolente preguntarte por ese hombre del que mis letras traen recuerdos dolorosos.
La tristeza que avivé se
conserva indeleble en algún lugar. Las palabras fueron escasas. Tus ojos
acuosos, oscuros y tristes pronunciaron su nombre: Vladimir.
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