jueves, 18 de julio de 2013

AMOR A LOS SETENTA

Alborozados caminan los enamorados por las calles de Abejorral. Él tañe su guitarra, ella alegra las maracas. Cantando recorren las faldas sonriendo sin ningún afán.



Sus cabellos castaños no han perdido la batalla con los canos; su piel permanece inmaculada como reina que nunca se expuso al sol. Los años transformaron el llano de su rostro en agrestes montañas llenas de surcos, de accidentes y valles pronunciados.

Él, por su parte, no se había acercado al altar vestido de negro, con el pecho agitado y sus manos sudorosas agarrando una reina que en poco fuera la madre de sus hijos y la dueña de sus días.

Ellos, tan disímiles, tan desconocidos, tan alejados el uno del otro en un pueblo campesino, de casas viejas y restos de una colonización que inició por aquí, se conocieron hace tres años. Ella, resignada a vivir sin compañía; él, con el desánimo de comprender que nunca se casaría y que el amor, el verdadero, el duradero, era una negación en su horizonte.

Sentados sobre el estuche de una guitarra, macerado, lastimado, él tañe la guitarra y ella agita las maracas. Frente al parque de Abejorral, justo en las escaleras de acceso a un minimercado, Juan Gonzalo Ramírez, de 74 años, canta y estira su boca, y María Ernestina Gallego, de 77, tararea las letras.

Los creí unidos por décadas, con una descendencia prominente, con el gusto de cantar en las calles tan solo por el placer de llenar de música este viento fresco que sopla desde lo lejos del páramo. Pero no, no. Hace dos años se casaron y fueron la sensación en Abejorral. Un sacerdote quiso impedirlo y no lo logró.

-Un padre no nos quería casar- dice él.
-No nos querían casar, como si fuéramos un par de culicagados- agrega ella, con el ceño fruncido, y no sé si es enojo o es el fastidio de la luz que el sol refleja en los adoquines y lanza como liebre sobre sus ojos.

Caminan entre las calles faldudas, bien cerquita, cantando y sonriendo, recibiendo monedas y así, poco a poco, alcanza para comprar de comer, para seguir viviendo interpretando guascas, caminando hasta el parque y aguardando allí sin afanes, sin apariencias, disfrutando de la atención que reciben, de las monedas que les regalan, de lo felices que se muestran.

El 7 de noviembre cumplirán tres años de casados. Ella se volvió a enamorar; él cumplió el sueño de ser esposo, de entrar por la puerta grande de la iglesia, de agarrar de la mano a su esposa, de besarla en la calle sin importar que les digan viejos. Al fin, lo importante, es que les llegó el amor a los setenta. Justo cuando la llama expira, en ellos nace.



sábado, 22 de junio de 2013

REMINISCENCIAS DE UNA CITA

En el centro de Medellín la explotación sexual infantil no tiene disfraz ni se camufla en sus calles. Más niños, niñas y adolescentes son abusados cuando deberían estar con sus cuadernos en los colegios.


La almohada amarilla es el único objeto que toma vida en esta celda, una azul, de paredes grasosas y olor a marihuana. Bien recuerdo ahora cuando Yuliana entró al cuarto y movió su mano como un ventilador ante el hedor de la cripa consumida que dejaron dos desconocidos.

En la calle, bajo el viaducto del Metro, me entregó uno de sus dedos para sujetarla. Caminamos uno al lado del otro, ante la mirada de conductores y vendedores, de pasajeros y transeúntes. Con la vista puesta al frente le hice un par de preguntas: de Apartadó y 17 años, fueron sus exiguas respuestas.

Sentado en este cuarto, me devuelvo un poco y la observo de nuevo bajo el marco metálico de la puerta. Es un segundo piso, de paredes lúgubres, protegido por una reja blanca asegurada con candado. A un lado del ingreso una placa con letras negras dice: “Prohibido el ingreso a menores de edad”. Dirigí la mirada hacia Yuliana y la contemplé con seriedad, tal vez con deseo: sus piernas largas y su abdomen plano, sus pechos amordazados en un top azul y sus nalgas amplias, grandes, redondas.

-¿Van a fumar?- preguntó el recepcionista, interrumpiendo la imagen. Lo vi macilento, camuflado en este lugar triste y oscuro, en donde mujeres arriman dos, tres y cuatro veces al día con un hombre diferente, inflados bajo el pantalón con urgencia de satisfacer su sexo.

Sentada de lado en la cama, sobre un colchón deforme cubierto por una sábana transparente, ella guarda silencio y apoya los codos sobre sus piernas atléticas. Me está esperando ¿Qué espera? ¿Qué debo hacer: tocarla, besarla, desnudarla? Yuliana sabe más que esta divagación.

Soy su primer cliente del día, me dice con voz ronca, con palabras fugaces, perdidas en el tiempo, apoderadas por el efecto de una droga que consumió antes de conocerla. La cama está esperando, parece decirme al acercarme sus pechos. Creo que aguarda una orden, que la toque o que levante su escasa ropa y que desabroche su brasier y así deje al descubierto sus senos frescos, oscuros, firmes.

Explotación en Medellín
Yuliana no es un número, no es una cifra, es una chica, con nombre y apellido y con familia y con historias de amor y con sueños, arrojada a la calle desde hace siete años. No hay datos consolidados de cuántos niños, niñas y adolescentes son explotados cada día en las calles de Medellín. Los pocos registros están conformados por denuncias o por jóvenes que voluntariamente han decidido alejarse de una vida tan complicada, en donde sus cuerpos son subordinados ante los deseos y aberraciones de miles de personas. No hay cifras, pienso, con la vista puesta en Yuliana, aunque todos se dan cuenta en el centro de la ciudad de la cantidad de adolescentes que deben vender sus cuerpos en las calles y que deberían estar en un salón de clase empuñando un lapicero y tomando notas en sus cuadernos.

Dos son las principales causas de la explotación sexual infantil, me explica César Darío Guisao, director regional del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar –ICBF-: La descomposición del núcleo familiar es la principal causa; la segunda, la no vinculación al sistema educativo, como un sistema de prevención; a lo anterior se suman causas socioeconómicas. Además, agrega, la explotación está muy relacionada con el consumo de drogas ilícitas.

Entre 2012 y 2013, el ICBF recibió 101 denuncias por explotación sexual comercial. Esa misma cantidad de jóvenes fue atendida y se encuentra en los Centros Zonales de esta entidad. ¿De dónde provienen todos estos jóvenes? Héctor Fabián Betancur, secretario de Inclusión Social y Familia de Medellín, afirma que, en su mayoría, arriban de las comunas 7, 8 y 13 y que la explotación está amarrada a dos elementos: uno, problemas socioeconómicos en las familias; y dos, las problemáticas del silencio, cuando miembros de la familia están involucrados o son cómplices del abuso. Y es en el Centro en donde la mayoría es explotada.

Tanto discurso, tantas cifras, pienso al lado de Yuliana, casi desesperada, aguardando que me baje el pantalón o que le quite su ropa, para salir de nuevo a la calle y conseguir un nuevo cliente. ¿Cliente? ¡Qué horror de palabra! Le hago un par de preguntas, pero sus respuestas son vagas: no vive con su familia, duerme en un hotel en el que paga 15 mil por noche, cumplió 17 años el 12 de febrero y fue uno de los días más aburridos de su vida afrontando su dura realidad. ¿Lo más complicado? “Tener que comerse a un pío que no me guste”. Le gusta fumar marihuana. Soporta 4 o 5 hombres por día; no terminó el colegio, pues a los 12 años inició su explotación sexual infantil.

Cuando cruza sus piernas en la cama me percato de que tiene una tanga rosada, pues la cremallera de su short está abierta. En realidad, me dice después, el cierre se dañó y lo reemplazó con un gancho que no soportó la presión de la tela tirando para cada lado. Yuliana responde con monosílabos, a veces guarda silencio y parece dormida. Tiene afán. “¿Ya?”, me dice a cada instante, al comprobar que no quiero su cuerpo, su sexo, sino sus palabras, su historia, su mundo, lo que se esconde en estos cuartos estrechos, desagradables, poco propicios para el amor. “Usted se está demorando mucho”, me espeta, “págueme los 20 mil”, agrega. Entonces accedo y abandonamos el cuarto.


Salimos y luce tal cual entró. No removió la balaca ni el moño con pétalos azules sujetados de su cabello negro. Está lloviendo y se lamenta. Me despido y bajo las escaleras. Salgo en busca de un bus y ella queda atrás, con pocas ropas, bajo la lluvia y el viento frío, esperando que alguien más la aborde, que la desnude, que la abuse. Es una niña, resuelvo sin mirar atrás, es una niña.

viernes, 14 de junio de 2013

EL AVIONCITO


Volví a probar de la cuchara dirigida por tu mano como avión en el aire. Se devolvieron los años, viajé en los recuerdos y me hallé como el niño del que me despojó el tiempo. 
Sentado frente al plato mis piernas largas se cruzaron en el suelo, abrí la boca esperando un nuevo vuelo, y la mano de mamá rebobinando mi historia, haciéndome comprender que a pesar del tamaño de mi cuerpo no he dejado de ser un niño.

domingo, 14 de abril de 2013

ADIÓS


El corazón sigue latiendo y los ojos observando; los perros no ladran más, las luces se apagan, los carros se detienen, los aviones se caen, el pueblo pierde vida y se sumerge en un silencio sepulcral. Todo se detiene y escucho los gemidos del pecho y miro cómo burbujea la camiseta presintiendo la despedida inevitable. Ya no se oyen las garzas en bandada haciendo la música de la tarde melancólica, ni el sol ilumina el valle en tinieblas. Respiro fuerte y las frases no tienen la puntada fina de un buen tejedor. Salen y salen palabras mientras mi mundo se detiene: se ha petrificado cuanto observo y mis latidos se hacen más fuertes y los ojos humedecen el manto de las ilusiones, cuan inmaculada prenda que se le escapan las esperanzas y sus hebras se manchan con la oscuridad del dolor y del adiós. Es el adiós, una despedida que para el tiempo y destruye cuanto rodea; es el adiós que desgañita el corazón y que destroza el mundo que había germinado.

sábado, 30 de marzo de 2013

NUESTRO NUDO (¿?)


Los nudos pierden su consistencia; el agua debilita los hilos; el verde, amarillo, rojo y negro carecen de viveza. Agarrados de mi muñeca continúan estos hilos entrelazados, y vivo el recuerdo de nuestras manos en la playa con los mismos colores. El amor huye, en ti se sueltan las hebras que un día simbolizaron que estuvimos unidos.

sábado, 9 de febrero de 2013

TAN SOLO UNA FÁBULA


Su carátula era morada y en la portada no recuerdo cuántos animales había. Sé, como si lo volviera a tener en mis manos, que zorros, leones y hormigas había en su interior y hablaban el mismo idioma. Era un libro de fábulas de Félix María de Samaniego y su primera historia la leí cuando llegué a casa después de unas compras que hizo papá en Rionegro, a media hora de mi pueblo, Guarne.

Tendría ocho años y el libro lo cuidaba tanto como el uniforme verde y blanco de un equipo de fútbol, que me regaló mi viejo. Un mal día las fábulas desaparecieron y creo, después de tantos años, que fue una de las pérdidas más grandes que he tenido. A veces soñaba con él y lo buscaba en el cuarto oscuro donde estaban los objetos inservibles o en los cajones de las camas llenos de ropa. Al despertar corría a esos lugares y comprobaba que las hojas brillantes y coloridas de mi libro habían desaparecido, pero sus historias habían permanecido en mis recuerdos.

Fantaseaba con la gallina de los huevos de oro e incluso creía que de los galpones de gallinas de mi abuela habría alguna que nos podría hacer ricos. También leí la fábula de la hormiga y la cigarra, que recordé dos lustros después mientras la traducía en clases de inglés. El lobo, el león, el cuervo, el chacal, la oveja, el perro, todos hablaban la misma lengua.

De niño, las fábulas y cuentos fueron tan poderosos como los balones de fútbol. Mi libro favorito se perdió, aunque dejó en mis manos la obsesión de leer cuanto encontrara: periódicos, revistas, libros, el diario de una tía, la lista del mercado que preparaba mamá. 

lunes, 14 de enero de 2013

TE OLVIDÉ


No he palpitado al verte. Cuando te saludé tus ojos brillaban y tus labios me llamaban. Me alegré de no prestarte atención, de saber que esa pasión que me inyectaste hace unas semanas ya había agonizado en el mar de mis letras y en el jardín de mi deplorable alma, que se había encerrado en tu sonrisa y tus palabras cortantes

domingo, 13 de enero de 2013

MÚSICA

Quisiera entender cómo tantas historias pasan frente a esta puerta y no haya alguna que pueda ser música en mi cuaderno.