martes, 8 de mayo de 2012

CASTIGO DE UN CUERPO


Anoche, su barba durmió a tu lado. Sentías el susurro de ese cosquilleo e ibas doblando de a poco tu cuerpo desnudo. Te deslizabas entre su piel y él se pegaba a ti, encendiendo una hoguera que se apagó en la madrugada. Cuando le diste la espalda, él no quiso dormir. Prefirió fumarse un porro y contemplar el tatuaje multicolor de tu espalda, el cabello enredado y la silueta uniforme que lo volvía a encender.

En la mañana te miraba con deseo. Mientras el profesor explicaba, él no apartaba sus ojos rojos. Esperaba una sonrisa, un movimiento de cejas, un beso que flotara en el aire. Y tú, tan cruel, no quisiste devolverle la luz centelleante, ni los labios de veneno y recobraste tu cuerpo, para que no siguiera prendido a él. 

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