sábado, 16 de mayo de 2015

Hasta que la vida alcance


Yo no sé de caminos. Yo no sé de botas. Yo no sé del sufrimiento. Yo no sé no sé no sé. Yo no sé de esta tierra: desconozco sus tragedias de la huida, apenas sé de por qué han regresado. Me digo que son valientes cuando sé cómo se asentaron en estas montañas. 

Yo me muevo en buses y escaleras, camino de tenis y escribo del desarraigo sin haberlo vivirlo. Sé tan poco de este universo, de esta región, que es mejor decir no saber nada a creer que con un par de historias contadas ya se conoce todo de sus valles, embalses y bosques.

Me lo repito mientras surco una carretera polvorienta de camino a casa. De la montaña que me alejo apenas es perceptible un punto blanco. Atrás de ella, azul de lo lejos, se levanta el páramo de Sonsón. Y lo único que alcanzo a hacer es leer con los ojos la historia del que conduce, el canto de los sinsontes, el golpe raudo del carpintero, la autopista chiquitica que se enrosca a lo lejos, el gran río apenas perceptible abajo del cielo.

De lo único que sé, entonces, es de amor. Lo sé por mi cara hecha luz.  Me enamoro de nuevo al ver los valles y las montañas arrumadas, las caídas de agua, las caderas que hipnotizan. Entre el dolor de las palabras que quieren alas, acompaño en el llanto y seco lágrimas que también derramo; me embarro en los caminos y me baño en sus aguas. Yo me enamoro cuando la recorro y me siento más feliz que en la casa en la que duermo. Nunca podría escribir tan lindo como Elena Poniatowska, pero cuando leo su declaración sublime a la plaza El Zócalo de Ciudad de México, es como si se tratara de mi tierra, la de mis amaneceres:


"Amo esta plaza, es mía, es más mía que mi casa, me importa más que mi casa, preferiría perder mi casa. Quisiera bañarla toda entera a grandes cubetadas de agua y escobazos, restregarla con una escobilla y jabón, sacarle espuma, como a un patio viejo, hincharme sobre sus baldosas a puro talle y talle, y cantarle a voz en cuello, como Jorge Negrete, cuando lo oía en la radio gritar casi:
México lindo y querido
Si muero lejos de ti
Que digan que estoy dormido
Y que me traigan aquí."


Es amor, me aseguro. Lo haría todo, si pudiera. Devolvería los campesinos a sus tierras, retorcería el cañón de los fusiles, rellenaría las balas con tierra, no permitiría inundar con agua y cadáveres nuestros valles, dejaría los ríos correr en la dirección que prefieran sus ojos, no habría rojo ni azul, y todos seríamos verde, verde como el bosque, verde como el páramo, verde de todos los verdes, verdes tan distintos para que estemos todos juntos.

Mi amor profundo será navegar sobre tus venas, de una en una, y bajar hasta tu madre inmensa y lastimada; será recorrerte hasta que mis pies no aguanten; será escribirte hasta que mis manos pierdan la imaginación. 

Navegar, recorrer y escribir hasta que la vida alcance. 

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