jueves, 16 de agosto de 2012

MALDITO ISMAEL



¡Qué decir! Me preocupa que Ismael no avance más y se detenga en contar cosas que no me importan. Necesito que me trague de una buena vez ese cachalote, que emerja de la profundidad con su cabeza gigante y me devore, sin esperar el momento en el que el maldito Ismael lleve la historia hasta allá y aparezca el cetáceo y lo engulla. Quiero que ese maldito pez lo haga conmigo y no con él, que me lleve a los confines de su búnker y me presente el acuario que tiene en su interior: atunes, pulpos, calamares, sardinas.

Maldito Ismael, empiezo a odiarte. Me urge que el capitán Ahag lleve esta maldita nave hasta el confín, en donde lo único que nos rodee sea ese monstruo azul. Y que llueva y llueva y truene y esos rayos fugaces iluminen la lluvia y esas aguas hoscas sobre las que flotamos. Y así, tan feroz, que salte de las aguas este cachalote. Y sin necesidad de que Quiqueg le lance el arpón para cazarlo, saltaré entre la oscuridad para que el cetáceo me lleve a otro mundo, uno desconocido, imaginario, lúgubre, estrecho. Pero, igual, otro mundo, otra realidad. 

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