viernes, 30 de septiembre de 2011

PARTIDO EN DOS


En la mañana se rascó los ojos y estiró los brazos como desperezándose. Había soñado que la vida lo había partido en dos y que debía buscar ahora cómo unir esas dos realidades.

Una mujer de cabello negro y voz firme dictaminó la arenga que lo dividió en dos. Le dijo que no lo quería ni le era útil, que debería buscar otro trabajo. Le dio a entender que era bueno que se marchara lo más pronto posible. Su presencia estorbaba en el espacio.

Mientras abría bien sus ojos, procrastinaba la decisión que le habían pedido. Reaccionó y entendió que hasta las palabras que había escuchado en una fría oficina, con dardos hirientes y sin justificación, se habían adueñado de las noches, en esas en las que abrazaba con pasión la almohada.

Quiso entender cómo, creyendo que era un buen trabajador, sus superiores habían dicho lo contrario. Esa tarde, aún en su recuerdo, lo dividió en dos. Su parte que creía buena, quería conquistar ahora la que decían que era mala. Desde entonces se ha dedicado a ser el bueno y no preocuparse por lo demás.

Después de levantarse volverá a estar cerca de la oficina fría de su recuerdo, intentando mostrar el error que cometieron, tal vez así sus dos mitades lleguen algún día a unirse. 

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