viernes, 27 de abril de 2012

EL LABERINTO DE TUS CABELLOS



Sé bien que tus cabellos negros están más finamente entrelazados que las pajas de un nido.
Apoyas la cabeza en la palma de tu mano izquierda y te recorro. Nunca te peines por favor. Me gustan esos hilos pintados de noche. No quiero desenredarlos, porque en ese laberinto me pierdo cada vez que te miro.

Los ojos oscuros brillan entre la piel límpida, tu frente está despejada y una fina línea en un costado de tu cabeza separa las serpientes que se envuelven, se tocan, se  aparean, te respiran, te sienten.

Hace un par de noches aparecieron tus cabellos. Me sorprendiste cuando llegaste de improviso. Hoy te vuelvo a ver. Estaba seguro que levantarías la mirada y me ibas a reflejar en tus pupilas. Me he sentado frente a ti; te miro con cuidado. 

Golpeo el suelo desesperado. ¿Qué he soñado? No paro de mirarte, ¿qué respuesta busco? Me impaciento, escribo y vuelvo a mirarte. Es inevitable. 

Quisiera desenredarte para salir de este laberinto, pero un peine no sería suficiente para destruir las líneas que me sumergen al interior de tus cabellos.



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